Días, meses y años de sacrificio de personas abnegadas que por su amor al Motagua empujaron al equipo mimado del fútbol hondureno. Ese mismo que nació en Comayagüela, una de las zonas más humildes de la capital. " No hay mal que dure cien años ni cuerpo que lo resista", reza un popular refrán que cae como anillo al dedo al equipo de la década del sesenta. Aunque los dos primeros torneos fueron difíciles y sufridos, sus jugadores nunca se rindieron ante la adversidad. Cuatro años antes de la fundación de la Liga Nacional, Motagua no realizó una brillante campaña, a pesar que reunía a figuras como Norris Bodden y el propio Ernesto "Culuco" Henríquez, capitán y uno de los pocos hombres que vistió únicamente la camiseta azul profundo. Previo a su debut en la primera competencia oficial de la Liga Nacional, Motagua debió ganar el derecho de ser parte de este selecto grupo. Y lo hicieron con un triunfo frente a los "mitológicos" del Troya, con solitaria anotación de Jorge "Coqui" Berríos, que superó la estirada del famoso "Cuervo", uno de los guardametas más destacados en esa época. El debut fue la tarde del 18 de agosto de 1965 en el estadio Municipal de La Ceiba. Los azules perdieron 4-1 contra el local Vida. Pero no se olvida que el jugador motagüense Amado Castillo marcó el primer gol del partido y de la Liga Nacional, de acuerdo a las estadísticas. El Motagua, dirigido en esa época por Ernesto "Culuco" Henríquez, quien por ayudar al equipo asumió una doble función: la de jugador y entrenador, reuniendo a hombres como Porfirio Canales en el marco, Alfonso Navarro, Nelson Benavides y Jacobo Godoy en la defensa; en el mediocampo, Henríquez, Marcos Banegas y Fermín Navarro, mientras que en el ataque, Jorge "Coqui" Berríos, Amado Castillo, Marco Tulio Callizo y Elio Banegas. Un detalle es que las dos primeras temporadas careció de una plantilla competitiva en relación con los otros clubes y la aspiración era mantener la categoría y un día cercano crecer, hecho que no tardó, ya que aparecieron entusiastas dirigentes que le cambiaron la fisonomía al club, entre ellos Heriberto Gómez, Mario Rivera López, y sobre todo don Pedro Átala Simón, quien se quedaría al frente del equipo por más de treinta años, en donde logró éxitos importantes.